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Sobre el objeto de la evaluación. ¿Qué evaluar?




Evaluar es una tarea ardua que condensa sentidos construidos desde el sistema educativo y que define la trayectoria escolar de los estudiantes
Anijovich, R. (2019). 


En un primer momento podríamos decir que se evalúan las actividades, tareas o labores que el estudiante debe realizar, éstas a la vez son el medio para que el docente evalué; y las evidencias del proceso de evaluación.
La delimitación del objeto que se evalúa es un asunto central. De ella se deriva, en gran medida, las decisiones sobre cómo se realiza la evaluación: los instrumentos, procedimientos, momentos, indicadores, criterios, que se utilicen en el proceso evaluativo.
Las tendencias históricas en cuanto a la consideración del objeto de evaluación del aprendizaje, trazan direcciones tales:
  • Del rendimiento académico de los estudiantes, a la evaluación de la consecución de los objetivos programados.
  • De la evaluación de productos (resultados), a la evaluación de procesos y productos.
  • De la búsqueda de atributos o rasgos estandarizables, a lo singular o idiosincrásico.
  • De la fragmentación, a la evaluación holística, globalizadota, del ser (el estudiante) en su unidad o integridad y en su contexto.

La determinación de qué evaluar durante el proceso, está en estrecha relación con el conocimiento de los mecanismos del aprendizaje, es decir de cómo éste se produce, cuáles son sus regularidades, sus atributos, y sus condiciones en el contexto de la enseñanza. Los estudios científicos de carácter pedagógico y psicológico, presentan importantes avances, aunque no suficientes para dar respuesta o coadyuvar a la solución de muchos de los problemas centrales vigentes como, por ejemplo, el hecho de que la evaluación durante el proceso se realice como una serie de evaluaciones "sumativas" que la aleja de las funciones previstas para ella.

Un punto de especial significación lo constituye la relación que se establece entre conocimiento y habilidades. Esto fue para mí el mayor aprendizaje durante el transcurso del curso sobre Evaluación.  Desde esta perspectiva no resulta legítimo separar -y evaluar- los conocimientos de las habilidades, en tanto todo saber (conocimiento) "funciona", se expresa, a través de determinadas acciones, que conforman habilidades. Todo saber implica un saber hacer, con independencia de sus diferentes niveles de demanda cognitiva, por lo que la acción ocupa un papel rector en la formación, la restauración y la aplicación del saber. De ahí que el análisis de la acción en la que se expresa "el conocimiento" sea un aspecto crucial para la evaluación, al inicio, durante y al final de un proceso de enseñanza aprendizaje. No es por azar que las diversas taxonomías de objetivos establezcan niveles cognitivos a partir de la distinción entre acciones.

fuente: www.flick.com

¿Utilizamos realmente la evaluación como un proceso de refuerzo del aprendizaje?

Un corto video nos puede ayudar a pensar, y pensarnos…


La postura sobre evaluación que intento adoptar es el enfoque constructivista. En el mismo se considera a la evaluación como una instancia para aprender, por lo tanto, tiene relevancia la función formativa y el error se considera fuente de aprendizaje. Facilita la autorregulación del aprendizaje a través de la retroalimentación oportuna y constante del estudiante. Cuando hablamos de evaluación nos referimos a un proceso por el cual recogemos en forma sistemática información que nos sirve para elaborar un juicio de valor en función del cual tomamos una decisión. A esto lo llamamos “evidencias de aprendizaje”. ¿Qué son? Las preguntas que nos formulamos los docentes respecto a los aprendizajes de los alumnos: ¿qué saben sobre ese tema? ¿Qué tendría que preguntarles o pedirles que hagan para saber qué saben? ¿Cómo nos damos cuenta de lo que los alumnos saben y cómo lo saben ellos? ¿Qué consignas de evaluación les proponemos para recoger información sobre sus aprendizajes? y la pregunta principal que debemos hacernos: ¿qué es lo que importa que aprendan? una respuesta posible y que al mismo tiempo nos permite priorizar contenidos, focalizarlos y recortarlos es: ¿qué les sirve para la vida?.

Decíamos que el objeto de evaluación se entiende aquello que se evalúa. En el campo educativo dónde me desempeño los objetivos de aprendizaje establecidos en el currículum están determinados por las competencias de egreso. Es decir que como docente estoy llamado a evaluar los objetivos de aprendizaje en dos dimensiones: cognitivo-de desempeño y afectivo-de disposición.

A la luz del recorrido que voy realizando en temas de evaluación veo claro que la definición de los objetos de evaluación facilita también la retroalimentación del aprendizaje, pues cuando el docente tiene claridad sobre los objetivos a alcanzar, le resulta más fácil para nosotros identificar dónde se ubica el alumno en un continuo de aprendizaje, y a este último, le permite saber con mayor precisión, una vez llevada a cabo la retroalimentación del profesor, el trayecto para conseguirlos.

Hoy me propongo asumir la evaluación entendida como oportunidad para el aprendizaje sugiriendo propuestas de trabajo con sentido para los estudiantes y relevantes para las disciplinas que enseño; favoreciendo diálogos e intercambios entre estudiantes y entre ellos y conmigo, y observando sus acciones, realizando seguimientos, ofreciendo retroalimentaciones en conversaciones enmarcadas en un clima de confianza que estimule la producción de conocimientos, la reflexión crítica y la autoevaluación.

El meta análisis de la práctica cotidiana de la evaluación que realizo o la reflexión acerca de ella me permite recrearla y entenderla en una nueva dimensión generando la próxima desde una propuesta más comprensiva, en la que acorte la brecha entre lo que busco para mi tarea como educador y lo que en ella acontece.

Un poco sobre las las rúbricas

En la actualidad este dispositivo se concibe como “asistentes” de la evaluación y se definen como documentos que articulan las expectativas ante una tarea o un desempeño a través de una lista de criterios y la descripción de sus niveles de calidad. Resultan estimulantes porque: aportan transparencia al explicitar, a través de los descriptores, los distintos niveles de calidad de los desempeños y las producciones; orientan, como mapas de ruta, acerca de cómo avanzar en el aprendizaje; reducen la subjetividad del docente; permiten que el estudiante se autoevalúe y haga una revisión final de su trabajo, antes de entregarlo al profesor; promueven la evaluación entre pares; muestran al estudiante las áreas en las que tiene que mejorar y estimulan su responsabilidad. Es significativo que las mismas sean construidas en forma conjunta entre el docente y los alumnos.

En síntesis, una actividad de evaluación es auténtica cuando: tiene propósitos y metas bien definidas; propone a los estudiantes elaborar un producto o resolver un problema utilizando conceptos, actitudes, valores, habilidades; define destinatarios, interlocutores del mundo real a los cuales dirigir sus producciones; implica una dosis de incertidumbre y restricciones. Las situaciones de la vida real requieren abordar y resolver problemas para los cuales es necesario pensar alternativas diversas, tomar decisiones considerando el contexto, los alumnos tienen que utilizar al mismo tiempo una variedad de recursos cognitivos, no solo evocar información, ofrece múltiples oportunidades para ensayar soluciones, consultar recursos, buscar información y recibir retroalimentaciones.

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